lunes, 16 de septiembre de 2013
Lápices que siguen escribiendo
Autor: Felipe Pigna
La crueldad no tenía límites en aquella Argentina ocupada de
1976 y esto estaba lejos de ser un defecto para los usurpadores del poder y sus
socios civiles. Era para ellos una de sus virtudes, aquella decisión
“inclaudicable” de reorganizarnos, de llevarnos por la “senda de grandeza”,
aquellos “objetivos sin plazos”, “aquel marchemos hacia las fronteras”, “el
tiempo y esfuerzo, esenciales para cualquier logro”, el “achicar el Estado es
agrandar la Nación” y todo esa
palabrería hueca que escondía el vaciamiento del país y la peor matanza
de la historia argentina. Aquella matanza que contó el aval explícito del
Departamento de Estado de los Estados Unidos como lo recordaba el ex embajador
en nuestro país Robert Hill: “Cuando Henry Kissinger llegó a la Conferencia de
Ejércitos Americanos de Santiago de Chile, los generales argentinos estaban
nerviosos ante la posibilidad de que los Estados Unidos les llamaran la
atención sobre la situación de los derechos humanos. Pero Kissinger se limitó a
decirle al (canciller de la dictadura) almirante Guzzetti que el régimen debía
resolver el problema antes de que el Congreso norteamericano reanudara sus
sesiones en 1977. A buen entendedor, pocas palabras. El secretario de Estado
Kissinger les dio luz verde para que continuaran con su ‘guerra sucia’. En el
lapso de tres semanas empezó una ola de ejecuciones en masa. Centenares de
detenidos fueron asesinados. Para fin del año 1976 había millares de muertos y
desaparecidos más. Los militares ya no darían marcha atrás. Tenían las manos
demasiado empapadas de sangre.” 1
El general-presidente Videla quiso convertir aquella masacre
en una incógnita declarando que el desaparecido “no tiene entidad, no está ni
muerto ni vivo, está desparecido.” La elección de la palabra no es aleatoria,
es perversa en boca del verdugo, de quien no tenía ninguna duda sobre el
destino de los prisioneros políticos y exhibía en público el terrible método
elegido para atormentar aún más a los familiares, crear la incógnita sobre el
destino de su ser querido. Aquel desconocimiento era parcial porque el
horizonte del grupo familiar que sufría la pérdida era dramático y no era tan
incógnito el destino sufrido por la víctima como conocer el lugar de detención
y poder saber si seguía con vida. Sobre el resto no había incógnitas, había
certezas, dolor, soledad y búsqueda incesante.
En aquel panorama la represión en los colegios secundarios
fue muy dura, y apuntó a terminar con el alto nivel de participación política
de los jóvenes en los centros de estudiantes y en las agrupaciones políticas.
Las invitaciones a vigilar y castigar pasaban de la
conferencia de prensa a la sala de torturas y a la muerte. Muchos colegios
secundarios del país tienen hoy placas conmemorativas de sus alumnos
desaparecidos.
El hecho emblemático, “didáctico” de aquel terrorismo de
Estado fue el que pasó a la historia como “la noche de los lápices”, aquella
noche del 16 de septiembre de 1976 -21 aniversario del derrocamiento del primer
peronismo por la autodenominada Revolución Libertadora- en la que fue
secuestrado un grupo de jóvenes militantes secundarios de la ciudad de La Plata
y alrededores. La que había sido la ciudad Eva Perón era ahora el reino del
General Ibérico Saint James, autor “literario” de la inolvidable frase:
“Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después
a sus simpatizantes, luego a los indiferentes y por último a los tímidos”. En
la corte de Saint James había personajes de la talla del General Camps y su
mano derecha- curiosidades de la literalidad- el comisario Miguel Etchecolatz.
Fueron ellos los responsables directos del secuestro, tortura y muerte de estos
jóvenes, para los que nadie reclama inocencia según los parámetros de una
dictadura culpable por naturaleza y que salen honrados de la vergonzosa
afirmación que aún hoy, a veinticinco años de recuperada la democracia, campea
por estas tierras, ese “algo habrán hecho” que tanto daño hizo y hace. Claro
que hicieron algo, mucho. La mayoría de ellos provenían de hogares de clase
media, no tenían problema en pagar el boleto de colectivo, pero sabían que
había muchos de sus compañeros que no, que ya a esa corta edad tenían
antigüedad en sus trabajos y que había que conseguir el boleto estudiantil para
todos. Comenzaron a organizarse en cada colegio y del colegio al barrio y de
ahí a la zona y nació así la Coordinadora de Estudiantes Secundarios que
nucleaba a miles de ellos de todos lados y logró arrancarle al gobierno de
Isabel aquel derecho. Fueron días de festejo acotado, corrido por gases y
vigilado de cerca por la Triple A. Producido el golpe, la estrategia fue
suspender en agosto de 1976 la vigencia del boleto estudiantil y esperar la
protesta y que los estudiantes volvieran a luchar por lo que les correspondía.
Las razzias duraron dos meses y el pico de detenciones se produjo aquella noche
de septiembre. Recuerda Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes de aquel horror
que: “hay un documento de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires que se llama específicamente La Noche de los Lápices. Ese documento,
firmado por un comisario mayor Fernández, en ese momento asesor del Consejo del
general Camps y Etchecolatz, hablaba de que luego de desarticulados política e
ideológicamente los sectores “subversivos” como universitarios, barriales,
trabajadores, la piedra angular eran los “potenciales subversivos”, que eran
los estudiantes secundarios que eran líderes en sus escuelas. Ellos hablaban de
“semillero”, de “potenciales subversivos”. 2
Los jóvenes secuestrados en aquella “Noche de los lápices”
fueron arrancados de sus casas en la madrugada y llevados inicialmente a la
“División cuatrerismo” de la policía bonaerense donde funcionaba el centro
clandestino de detención conocido como “Arana”. De allí pasaron a la “División
de Investigaciones de Banfield”, tristemente célebre como el “Pozo de
Banfield”. Allí conocieron el horror en
toda su expresión: “Nosotros, en el Pozo de Banfield, éramos adolescentes que
teníamos a nuestro cuidado mujeres embarazadas. En el período en que nosotros
estuvimos, desde septiembre a diciembre de 1976, fuimos testigos de tres partos.
A nosotros, que teníamos entre 15 y 17 años, nos ponían en un calabozo con una
compañera embarazada a punto de dar a luz y cuando ellas empezaban con trabajo
de parto teníamos que golpear fuertemente la celda. Estábamos en el tercer piso
y hoy se sabe que en el segundo piso de donde estábamos nosotros estaba la sala
de parto del médico (Jorge) Bergés. Tuvimos tres situaciones de ésas.
Golpeábamos la celda, las venían a buscar y después escuchábamos el llanto del
bebé.
Nosotros, tanto los adolescentes que estábamos en el
traslado final como las mujeres embarazadas, a las que el único cuidado
apuntaba a lo que tenían dentro de la pancita, éramos residuos. Como tales
éramos mantenidos. No teníamos un destino presupuesto.” Allí padecieron la
tortura, simulacros de fusilamiento y el vano intento de imponerles otra
mentalidad, la forma correcta de “procesar” aquel país y aceptarlo tal cual era
en 1976, un país atendido por sus dueños. Tuvieron sus cuerpos pero no su
obediencia. Como dicen las pancartas de los estudiantes de hoy, aquellos
lápices siguen escribiendo.
Referencias:
1 Declaraciones de Robert Hill, embajador norteamericano en
la Argentina durante la primera etapa de la dictadura militar, en El
Periodista, Buenos Aires, 23 de octubre de 1987.
2 Reportaje a Pablo Díaz en Felipe Pigna, Lo pasado pensado,
Buenos Aires, Planeta, 2005
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
lunes, 26 de septiembre de 2011
jueves, 15 de septiembre de 2011
El Cordobazo
Los acontecimientos ocurridos en la ciudad de Córdoba en mayo de 1969 fueron en parte el resultado de un plan económico antipopular y de un gobierno autoritario. Pero también se trató del inicio de nuevas acciones populares que ocurrirían en la Argentina en los años siguientes.
Actividad:Las siguientes palabras fueron pronunciadas por el sindicalista cordobés Agustín Tosco en 1973, en un debate televisivo con José Ignacio Rucci, líder de la CGT oficial. Leer la fuente y resolver las consignas.
Actividad:
"Nuestra visión del socialismo nace incluso del programa de Huerta Grande, del manifiesto del primero de Mayo de la CGT de los Argentinos y del documento de octubre del Movimiento Nacional Intersindical. Nosotros queremos rescatar los medios de producción y de cambio que están en las manos de los consorcios capitalistas, fundamentalmente de los monopolios, para el pueblo, socializarlos y ponerlos al servicio del pueblo. Nuestro punto de vista es que deben desaparecer las clases y que debe existir una clase, la de quienes trabajan. Y no como ahora que existe la de los explotados que trabajan y la de los explotadores que sólo viven del esfuerzo de los demás(...) La burocracia sindical es el ejercicio de los cargos sindicales con el criterio que se señaló aquí. Es decir, reducir todo al sindicalismo, de administrar, desde posiciones de poder, los beneficios sociales, de discutir especialmente los convenios colectivos de trabajo, de quedarse gobernando al movimiento obrero desde posiciones administrativas. Es decir, desde el mismo término burocrático surge: el poder, gobierno de empleados. Significado gramatical que trasladado al campo sindical, significa esto: no asumir esa proyección general de la lucha del movimiento obrero como factor de liberación nacional y social. Por eso nosotros distinguimos entre aquellos que se quedan para repartir lo que hay en los sindicatos y los que luchan desde dentro del sindicato por las reivindicaciones inmediatas y a su vez levantan la lucha permanente por esas reivindicaciones nacionales, por esas otras reivindicaciones sociales, por esas otras reivindicaciones latinoamericanas que hacen al cambio fundamental de la sociedad. A la militancia concreta fuera de la oficina, en la calle, en la lucha con los compañeros. Eso es ser representante sindical y no simplemente burócrata."
· ¿A qué ideología adhiere Tosco?
· ¿Qué ideales plantea en este debate?
· ¿Cuáles son sus críticas a la CGT, llamada por él "burocracia sindical"?
· ¿Cómo evalúa que deberían actuar los sindicalistas?
Acceder: Video sobre el cordobazo
lunes, 14 de marzo de 2011
lunes, 25 de octubre de 2010
Década Infame (1930-1943)
Acceder a los videos:
Video 1: El Golpe de 1930.
Video 2: La época de Justo.
Video 3: Ortíz-Castillo y el Golpe del '43.
lunes, 4 de octubre de 2010
Documental sobre la "Revolución Libertadora"
A continuación, podrán observar un documental realizado por el Canal Encuentro que trata sobre el golpe de 1955 y puede serles de utilidad para la resolución del trabajo práctico.
Parte 1
Parte 2
Parte 3
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